jueves 10 de mayo de 2007

Entrevista a Tania Fredes, ganadora de "La Casa"


Antes del reality, Tania Fredes (27) era una joven parvularia con dificultades laborales y vivía, con su esposo e hijo, como allegada en el segundo piso de la casa de sus abuelos. Por eso, cuando supieron del concurso de Canal 13 cuyo premio era, justamente, una casa, la pareja decidió participar. Tres meses después, fueron los ganadores.
La vivienda está ubicada en el sector Lo Cañas en La Florida. Fue construida por los mismos participantes bajo la supervisión de un arquitecto y un constructor civil. A un año de haber recibido este premio cuenta qué paso con la casa.

–¿Qué fue lo mejor y lo peor del reality?
–Adentro aprendí a conocerme, a quererme y valorarme como soy. Hay facetas mías que no conocía. Lo peor fue la convivencia. Me costó mucho, además de los cahuines y estar lejos de mi hijo. Yo soy tranquila pero me ponía triste la lejanía, me desesperaba.

–¿Qué se siente el haber cumplido el sueño de la casa propia a través de un juego?
–Para mi no fue un juego. Era un compromiso con mi hijo y con mi familia. Era algo que soñaba hace años. La vida nos premió y estamos agradecidos. Yo le pedía ayuda a Dios todas las noches, que me diera una casa. Hoy, gracias a Dios, a Cristian le ha ido súper bien y nosotros mantenemos la casa. Somos nuestros propios jardineros. Quizás la gente se pregunta si nos cuesta porque pensaron que nosotros después del reality quedaríamos de brazos cruzados, pero luchamos día a día por nuestro hijo.

–¿Han tenido problemas con la casa?
Nada, está súper bien hecha. Pensé que podía estar mala. De hecho, cuando comenzaron las lluvias, empezamos a revisar el techo, pero, de verdad, es muy buena. El aislamiento que tiene es excelente. Lo que sí, no traía todo lo que se mostró. La “casa inteligente” no resultó. Por ejemplo, las cámaras de seguridad no venían instaladas, la mano de obra tenía que pagar el canal y no lo hizo. Ni la calefacción central, ni muebles.
–¿La quieren vender?
–Si, porque queremos algo mas chico, no tan alejado ni tan lujoso. Ojalá fuese un condominio donde Máx –su hijo–, pueda tener amigos. Porque aquí con suerte se ve un vecino.
–¿Han tenido ofertas?
–Es que tenemos que esperar un año para venderla, y se cumple en junio, cuando firmamos la escritura. Asumíamos que eran seis meses, sabíamos que teníamos que esperar pero yo creía o supuse que era menos del año. Firmamos y no leímos bien las bases.